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La poesía malandra se nutre de lo cotidiano, del cerro, de la calle, del barrio, de lo feo y lo peligroso, de lo cartelúo; todo acto poético es un acto de creación, las peleas, los disparos, el perreo: Todo eso es materia, sangre y escritura.
La poesía despierta cada vez que existe la necesidad de decir algo, de contarlo todo. Un cerro, la vereda, son escenarios idóneos para dar paso a la creación, a la catarsis. Después de todo, la pistola es mi lengua, me defiende y con ella disparo palabras, si te lastimo es pura coincidencia.
Esta poética representa el deseo de no violencia, un voto a la tolerancia y al respeto, en donde lo estéticamente bello puede dar espacio y permitir un poco de lo feo y grotesco. Así pues, si hay un orden métrico o una rima no es la intención. El único propósito, si lo tiene, es crear desde el yo poético y malandro. Cuando se encuentran en el cerro: violencia y prosa, bajan las escaleras juntas y de ellas dos nace este experimento.
Tzarevich Aliocha
5 comentarios:
A veces sentimos cosas tan profundas...que palabras ni si quiera llegan ahí.
_tEo...
De miles que conozco (y no exagero) eres tan distinto y lo demuestras también con tus palabras. Gracias por brindarlas, Luna.
Ante tanta hermosura sobran las palabras,solo habla el corazon y tu escribes con el!
Arrechísimo...
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